¿Han existido alguna vez los vampiros?

Pues durante mucho tiempo y en algunos lugares se pensó que sí. Hoy vivimos en un mundo mucho más racional en el que la ciencia dicta lo que es posible y lo que no, pero no siempre fue así. En algunas zonas de Europa del Este y de los Balcanes se hablaba de casos concretos en que algún muerto se levantaba de su tumba o aparecían animales desangrados. Y estaban tan convencidos de que eran reales que los humanos de hoy día dudaríamos de nuestras certezas si los escucháramos.

En este artículo os voy a hablar de uno de estos casos. Un hecho histórico y documentado de vampirismo en el siglo XVIII. Y además no es un caso cualquiera, resultó de suma trascendencia en la difusión del mito de los vampiros. Ya veréis.

En realidad, el caso se refería a una vampiresa, para ser exactos. Y os prometo que todo lo que voy a contar es verdad. Todos son datos reales que nos han llegado a través de crónicas de la época.

Visita al cementerio

Nuestra historia comienza en la mañana del día 19 de enero de 1755, muy temprano, casi al amanecer. Un grupo de hombres notables se adentra en el camposanto de la localidad de Hemersdorf, Moravia, por entonces una provincia del Imperio Austrohúngaro.

Es un cementerio humilde que apenas alberga un par de centenares de almas.

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En medio de la neblina matinal, recorren la extensión de lápidas de piedra o de madera y avanzan entre ellas con decisión y expresión grave. Todos están serios y preocupados. Lo que han ido a hacer lo recordarán el resto de sus vidas.

Se detienen ante una tumba nueva, de piedra, con un nombre tallado. Los campesinos de la región sienten escalofríos con solo oírlo: Rosina Polackin. Los habitantes de Hemersdorf y alrededores han implorado durante semanas a las autoridades que actúen ante la muerte de animales desangrados durante la noche. Saben que es cuestión de tiempo que la vampira se vuelva contra las personas y están aterrados.

A los propios notables de la localidad les preocupa que estos sucesos den origen a revueltas difíciles de apaciguar. Por esta razón, aquella mañana, estos prohombres del pueblo se han hecho acompañar de un haiduk —un cazador de vampiros en el lenguaje de la región.

Se mantienen firmes junto a la tumba y se miran unos a otros en silencio. El sacerdote recita sus oraciones en voz baja mientras el enterrador cava con el pico en la tierra dura y congelada del cementerio. Su ayudante no es más que un muchacho al que le castañetean los dientes. Más tarde, en la taberna, jurará que era el frío el causante.

Cuando el enterrador logra abrir el ataúd y deshacer la mortaja del cadáver, los allí presentes se miran horrorizados. Ninguno de ellos se atreve a comentar en voz alta lo que ven. Posteriormente hablarán con los expertos enviados por la corte de Viena de las mejillas sonrosadas de Rosina y de la ausencia de descomposición del cadáver. Lleva casi un mes enterrada y todos piensan que lo que ven es imposible.

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El haiduk asiente y un joven alguacil se adelanta con la estaca en la mano y se agacha junto al cadáver. Coloca sobre el pecho la punta de la madera y la golpea con su martillo hasta tres veces antes de romper el esternón y partir el corazón en dos. La sangre brota del pecho y mancha la mortaja blanca. ¿Cómo es posible que sangre una mujer que lleva varias semanas muerta? Todos allí creen saber la razón y asienten satisfechos. La vampiresa ha sido exterminada.

Sé que parece un cuento, pero no lo es. Se trata de un caso documentado de vampirismo en la Moravia del siglo XVIII (actualmente, República Checa). ¿Cómo hemos sabido de él? Gracias al informe de un médico de la época llamado Gerard Van Swieten. Su nombre quizá no te diga nada, pero ya verás como es más importante de lo que parece.

El hombre de ciencia que se encuentra con los vampiros

Van Swieten era un reputado médico holandés que ejercía su profesión en su ciudad natal, Leiden (Holanda). Se le consideraba un erudito de prestigio gracias a sus varios tratados acerca de la fiebre. Un auténtico hombre de ciencia en plena Ilustración.

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En 1744, la archiduquesa austriaca Marianne, hermana de la emperatriz María Teresa, enfermó de fiebre séptica después de haber dado a luz a una niña muerta. El conde Kaunitz, canciller del imperio y conocedor de la fama de Van Swieten, lo hizo llamar a la corte para que se ocupara de la joven aristócrata.

Aunque llegó demasiado tarde para salvarla, los cuidados que impartió a la enferma impresionaron de tal modo a la emperatriz que, después de que Van Swieten regresara a Leiden, mantuvieron una amistad epistolar.

Pasado un tiempo, María Teresa de Austria le ofreció a Van Swieten el cargo de médico en la corte de Viena. Por aquel entonces, la emperatriz estaba muy interesada en que las nuevas ideas de la Ilustración impregnaran todos los rincones del Imperio Austro-húngaro, sobre todo, en las regiones más atrasadas de Hungría, Silesia y los Balcanes. Van Swieten fue el encargado de llevar a cabo tal cometido. En Austria fue tan importante, que el estado austriaco le ha dedicado una moneda conmemorativa de 50 euros de oro en 2007.

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Reformó la Universidad de Viena y estableció una serie de instituciones que desarrollarían los anhelos de la emperatriz… Hasta que aparecen los vampiros.

Una epidemia de vampirismo

Transcurridos unos años, en 1755, comienzan a llegar a la corte rumores de un caso inquietante en el pueblo de Hermersdorf, en Moravia. Al parecer, a una no muerta llamada Rosina Polackin, que aterroriza a la población, se le ha aplicado el tratamiento habitual a este tipo de seres.

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El miedo al contagio y a que los vampiros se extiendan por la región mantiene a la corte en una situación de alerta impropia de las nuevas ideas que Van Swieten y la emperatriz quieren establecer. Por esta razón, María Teresa le encarga al médico que investigue el asunto y ataje de inmediato las habladurías supersticiosas.

No está claro si Van Swieten visita personalmente Moravia o envía a sus colaboradores, pero el caso es que, con las conclusiones extraídas, realiza un informe cuyo título en español sería algo así como Reflexión acerca de las afirmaciones de magia póstuma (Consideration of the claim of posthumous magic).

Van Swieten utiliza como guía para su informe el decreto emitido por el haiduk en lo que se refiere al caso de Rosina. La palabra haiduk es de origen turco y en la zona tiene diversos significados (soldado de infantería, mercenario, etc.), pero Van Swieten lo define como una especie de juez local encargado de decretar la certeza o no de un caso de vampirismo.

En su informe, el médico desmonta una a una todas las afirmaciones del Haiduk. La más importante es la de que el cuerpo no presenta ningún grado de corrupción y que aún corría sangre por sus venas en el momento en que atravesaron su corazón con la estaca.

Van Swieten explica estos hechos afirmando que el cadáver fue enterrado en pleno invierno y que no llevaba bajo tierra ni siquiera un mes. Que lo enterraron en un frigorífico, vamos.

Con el tiempo, las cosas se calmaron y los vampiros comenzaron a desaparecer de las conversaciones de la corte. Parecía que la lucha de Van Swieten contra la superstición había sido vencida, pero el asunto estaba lejos de haber terminado.

Los vampiros llegan a Londres

Resulta que el amigo Gerard fue absolutamente meticuloso en la descripción de los vampiros y en las normas que sostenían la creencia. Ya sabéis, lo de la estaca, la alergia al sol, el gustito por la sangre, el ajo, etc. Y ya veréis lo importante que es todo esto para lo que vino después.

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El caso es que, mientras que lo que pretendía Van Swieten era combatir una superstición bastante arraigada, lo que hizo realmente fue describir con total detalle a un nuevo monstruo que alimentó la imaginación del resto de los europeos.

En Alemania, algunos autores empiezan a utilizar el mito de forma parcial para escribir algunas de sus obras, como son Bürger con su poema Lenore (1773) o Goethe con La novia de Corinto (1797). Pero son los ingleses los que asumen con fuerza la supertición y crean las grandes obras de vampiros de la literatura. La primera de todas es Christabel (1797) de Coleridge, pero después vendrían muchas más como El vampiro de Polidori, Carmilla de Le Fanu, etc.

Pasa el tiempo y, unos ochenta años después de Rosina Polackin, el informe de Van Swieten había quedado ya bastante olvidado. Los autores se influyen unos a otros e innovan en lo posible acerca de los vampiros. Hasta que un día, un desconocido escritor irlandés publica una novela de gran impacto en la época.

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La obra nos relata la historia de un vampiro de Transilvania que se traslada a Londres con la intención de encontrar sangre nueva con la que extender la maldición de los no muertos. Como ya habrás deducido, el vampiro es el Conde Drácula y el autor, Bram Stoker.

Pues bien, existen unas cuantas teorías acerca del origen de la novela y de las fuentes a las que acudió Stoker para documentarse. Sin embargo, a mí me parece que esta está bastante clara. Y si no lo creéis, atentos.

1. La descripción de sus vampiros es similar a la de Van Swieten.

2. Para matar a Drácula, los cazavampiros utilizan el mismo método que el médico holandés nos cuenta que se usó para acabar con Rosina (una estaca).

3. El escenario en el que se desarrolla la novela es en los Montes Cárpatos, que para un irlandés del siglo XIX debían de resultar tan exóticos como la Moravia checa

4. Y no solo eso, (yo creo que esto no es casualidad) el cazavampiros de Drácula es un doctor holandés llamado Van Helsing.

Como la pregunta era si han existido alguna vez los vampiros, creo que os he contado una buena historia para reflexionar.

¿Era Rosina Polackin una vampira auténtica? Van Swieten creía que no, pero pensadlo un momento: el médico holandés pretendía erradicar de la Tierra la creencia en los vampiros; si Rosina hubiera sido una vampiresa, su mayor deseo sería extender el vampirismo más allá de las zonas rurales del Imperio Austro-húngaro y llegar a los confines del mundo. ¿Quién de los dos lo ha conseguido?

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